2092.- Averiguar.


Vivimos creyendo ser personas,
continuamente atareados
de aquí para allá
con un montón
de cosas por hacer.

Problemas por resolver
hacia un futuro incierto,
desde un pasado
que nos condiciona
y que ya
no podemos cambiar.

Pendientes permanentemente
de los pensamientos,
que se reproducen
en cadena sin cesar.

Esa forma de vida pensada
no tiene solución,
siempre hay un capítulo más,
donde parte de lo que
ocurre es imprevisible
y jamás encontramos
la felicidad, ni la paz
que todos anhelamos.

La única solución definitiva
es averiguar lo que somos,
que implica darnos cuenta
de lo que no somos
y dejar que simplemente
todo ocupe su lugar natural.

Con lo que prevalecen
espontáneamente y sin quererlo,
la dicha, la plenitud y la paz.

2091.- Dejar a un lado.


Si evitamos crear más problemas,
considerándonos cristianos,
budistas, advaitas o sufíes.

Y dejamos a un lado
sus parafernalias culturales,
ceremoniales y doctrinales.

Podremos dedicarnos
a encontrar la manera
de retirar poco a poco
la atención y el interés
de los pensamientos.

Que es la clave
para poder despertar
a la consciencia única común
o mente original.

Y reconocer nuestra
verdadera naturaleza,
sin límites ni forma.

Sin serlo, somos el cuerpo,
la persona que sufre y muere,
el mundo y sus sensaciones.

Y todo lo que nos muestran
los pensamientos
y los sentidos.

2090.- Ninguna.


Ninguna persona encontrará alivio,
ni maneras de mejorar
o tomar un mayor
control de la existencia,
reconociendo
su verdadera naturaleza.

Para comprender las enseñanzas
que a ese reconocimiento señalan,
hay que llevarlas a cabo.

Y para eso
el primer paso es desidentificarse
de los pensamientos donde vive
la persona que creemos ser.

Con todas las cosas que ama
y todas las posesiones
a las que vive apegada,
no solo con lo que rechaza
o querría cambiar.

Pero quién
está dispuesto
a eso? 

2089.- Quietos.


Solo con que
nos quedemos quietos,
la mente original
toma el mando.

Eso no significa
que antes estuviera
apagada o desaparecida.

Sino que estábamos
ocupados en perseguir
los estímulos sensoriales
y los pensamientos.

Que forman la ilusión
de la existencia
subjetiva individual.

En muchos momentos del día,
se libera nuestra atención
de estos estímulos.

Cuando quedamos
a la expectativa de algo,
o simplemente
entre dos pensamientos
que parecen unidos en cadena.

En esos instantes,
la mente original prevalece,
pero no nos damos cuenta.

Y esta es precisamente
la clave del tema.

Darnos cuenta
del funcionamiento
natural y espontáneo
de la mente original.

La consciencia universal
que se ocupa de todo
sin necesidad
de los pensamientos
y su mundo impermanente
y en perpetuo cambio.

Donde atravesamos
la falta de felicidad
y al final la muerte.

Y esto es así,
porque todo lo percibido
no es más
que la consciencia misma.

Una vez asentados en ella,
no es difícil intuir
nuestra verdadera naturaleza.

2087.- Es posible.


Todos somos ya
lo que somos.

Se trata de reconocerlo
en nuestro interior,
por nuestros propios medios.

Tras darnos cuenta de que
en lo que ahora creemos ser,
las cosas no van bien.

El mensaje es que vivimos
presas de los conceptos
del pensamiento,
creyendo ser lo que no somos.

La liberación de todo ese error
y una vida de dicha y paz,
es posible para todos,
si así lo queremos de verdad.

2086.- Caben.


Percibimos todo
como creemos que es
en nuestros pensamientos.

Y estas creencias
son el resultado
de la interpretación automática
de todo el conjunto
de conceptos, nociones,
conocimientos, tendencias,
características, experiencias
y recuerdos, que manejamos
en este momento de entre todos
los adquiridos desde siempre.

Pero son solo una
creencia pasajera más
nacida en el vacío.

Donde todas las creencias
caben y dibujan
infinitos mundos
subjetivos completos,
donde nacer, vivir y morir.

2085.- Manera directa.


La manera más directa
de reconocer nuestra
verdadera naturaleza
y liberarnos del sufrimiento
de la existencia.

Es investigar internamente
quiénes somos,
dónde nacen los pensamientos
y dónde reside
nuestro sentimiento de ser.

Proporcional a nuestra
intención de averiguarlo,
será el resultado.

Y todo lo demás,
vendrá solo.

2084.- Derramándose.


Inconscientes en el cuerpo,
damos tumbos por ahí
a tenor de los acontecimientos.

Hasta que nos centramos
en la persona o ego
en quienes nos hemos
convertido con los años,
y empezamos a tomar decisiones.

Entonces puede que
descubramos en nosotros
a quien fuimos de pequeños.

Y sin características añadidas
vivamos más ligeros en el yo desnudo.

Percibiendo sin identificarnos
ya con el cuerpo
y modelando en parte su destino.

Pero es posible también,
que nos demos cuenta de ser
la consciencia de ese yo,
que acaba derramándose
por todo el universo.

2083.- Respuestas.


Para descubrir
la clave de la existencia,
todo lo que tenemos que hacer.

Es traer la atención
desde el pensamiento
y el mundo, al interior.

Así, poco a poco,
cada uno encuentra
sus propias respuestas.

2082.- Aquello.


Es todo un juego
de identificaciones.

Un día nos descubrimos
vivos dentro del cuerpo
y comienza el espectáculo
de la percepción.

Que nos arrastra hasta que nos
hacemos conscientes
de estar en nuestro cuerpo
y aprendemos a controlarlo.

Inmediatamente nos perdemos
entre los acontecimientos,
a los que reaccionamos
como podemos, con todo lo que
tenemos a mano.

Esas acciones van generando
unas consecuencias,
que acaban controlando
por completo nuestras vidas
y nos fuerzan a encontrar
nuevas soluciones.

Un día, descubrimos
la persona en nosotros
y nos damos cuenta
de que podemos cambiar
y afrontar mejor
las experiencias de la vida.

Pero tarde o temprano,
llegamos a aceptar
que en el mundo
no hay felicidad permanente.

Y que el sufrimiento
suele opacar el poco placer
que de vez en cuando
encontramos en él.

Así que nos volvemos
hacia el interior
en busca de respuestas.

Aparece entonces
el testigo que
observa indiferente.

Pero que
en demasiadas ocasiones
es arrastrado a la acción.

Alimentando así aquello
que en silencio
presenciaba triunfante
y que ahora parece
no tener fin.

Con el tiempo,
cansado del mundo, el testigo
se vuelve hacia sí mismo.

La mente se calma
y permanece serena
como consciencia,
como simple presencia
sin ser arrastrada
por los pensamientos.

Hacia un mundo
que sin embargo
sigue allí en toda su
riqueza y espontaneidad.

Hasta que sin querer
regresamos a donde
estábamos al principio.

Fundidos con el Absoluto,
pero con el cuerpo
y la persona desarrollados,
pudiendo interpretar el mundo
de acuerdo a los contenidos
que el pensamiento maneja.

Ya sin olvidar ser en vida,
aquello que eramos antes de nacer
y seremos después de morir.

2081.- Esfuerzo.


 Nuestro esfuerzo es solo
necesario para
situarnos en el testigo
y permanecer allí.

Lo único que tenemos
que hacer entonces,
es dejar de atestiguar
los pensamientos
y el mundo.

Y volver
la atención del testigo
hacia el testigo mismo,
esa es la presencia,
la consciencia.

Aquí nuestra tarea acabó,
el mundo irá
dejando de reclamarnos
y todo comenzará
a suceder espontáneamente
sin nuestra participación.

Y un día,
tal vez la consciencia
se funda con el Absoluto
y ya sin sujeto,
libremente nos entreguemos
a la manifestación de nuevo.

2080.- Otra.


Nada hay de malo en la persona,
en el cuerpo, ni en el mundo.

Lo terrible es encerrarnos en ellos
y cargarnos de limitaciones,
condicionamientos, carencias
y penurias.

Cuando nuestra
verdadera naturaleza
es otra.

2079.- Atrapado.


Estar atrapado
entre los pensamientos,
es como vivir con
una televisión encendida
que no pudiera apagarse.

Las imágenes y los sonidos
se reproducen ininterrumpidamente
y quitarles la atención,
no evita que los percibamos.

Pero si nos ponemos
a pensar en otra cosa,
entonces los nuevos pensamientos
cubren los estímulos de los anteriores
procedentes de la televisión
y no dejan sitio para nada más.

Por eso,
al principio nos concentramos
en la consciencia de ser,
que al ser el primer
pensamiento de la dualidad
y el origen de todos
los demás pensamientos,
actúa como tapón ante todos ellos.

Con el tiempo, la mente se calma
y queda como testigo de la experiencia,
lo que nos ayuda a darnos cuenta
de que no somos el cuerpo, ni la persona.

2078.- Detrás.


Residir en la mente original,
rezuma un intenso gusto
a dicha y paz.

Que hace mucho más
llevadera la existencia.

Por eso, la mayoría
eligimos quedarnos allí
disfrutando la vida.

Y no dejarnos caer
en eso inmenso
que se abre detrás.

Nuestra verdadera
naturaleza original,
neutra, ausente
e indiferente.

2077.- Fundiéndonos.


Tener consciencia
es ser conscientes de algo,
por lo que hay siempre
un objeto y un sujeto.

Pero cuando esta consciencia
se gira hacia sí misma,
deja de tener un objeto
del que ser consciente.

Y por tanto tampoco
necesita un sujeto
que sea consciente
de ningún objeto.

La consciencia,
en movimiento es la mente,
en quietud es el es testigo.

Y el testigo vuelto
hacia sí mismo,
sin objeto
del que ser consciente,
es la presencia
sin sujeto detrás.

Si permanecemos
establecidos allí
el tiempo suficiente,
sin querer acabaremos
fundiéndonos en vida
con el Absoluto.

Conservando aún
nuestra individulidad
en vida del cuerpo.

2076.- Nos llama.


Cuando alguien nos llama
por nuestro nombre,
normalmente le respondemos
automáticamente.

Pero antes de hacerlo,
hay alguien dentro de nosotros
que se dá cuenta de que nos llaman
y de que tenemos que responder.

Esa es la consciencia de ser desnuda
que primero apareció en nosotros,
la mente original que estaba allí
antes de hacernos conscientes
de que nos llamaban.

Y es donde debemos volver
una y otra vez desde los pensamientos,
hasta conseguir establecernos allí.

Después, darnos cuenta
de la consciencia de ser,
es algo que va ocurriendo
por sí mismo.