La persona que somos,
está hecha de miedos.
Miedo a no conseguir lo que queremos,
miedo a perder lo que tenemos,
miedo a enfermar, a sufrir, al dolor,
miedo a no ser correspondidos,
aceptados o amados.
Hemos encerrado
la inmensidad que somos,
en el rincón oscuro del miedo.
Y así vivimos y así moriremos,
si no nos decidimos
a prescindir de los pensamientos
y todo lo que nos dicen
que somos y tenemos,
a abandonarlos completamente
por solo un instante.
Algo así como dejar caer
todo lo que somos y sabemos,
todo lo que amamos
y todo lo que deseamos ser.
Entonces nos sentiremos
respirados y vividos.
Y en la dicha eterna
que en realidad todos somos,
el rincón aquél del miedo
será tan solo un recuerdo.













