En el instante en que
de súbito e inesperadamente
los pensamientos no están,
nos inunda la alegría
y nos liberamos por completo.
El regreso de los pensamientos
puede tomarse
como algo a evitar,
que nos obligue
a mantenernos en guardia
ante convertirnos
de nuevo en ellos.
Pero también podemos
dejarnos llevar libremente,
conservando la certeza
de lo que realmente somos,
que no puede ser dañado
o modificado por nada.
De perdidos
entre los fenómenos,
pensando siempre
para obtener algún
beneficio personal.
Nos encontramos fluyendo
sin llevar las riendas
por lo que espontáneamente
va sucediendo.
Incluso entre el ruido
que al principio
hace la vida que llevábamos
al romperse por falta
de atención e interés,
con todos sus espasmos,
temblores y dolor.














