Mientras vivimos
pendientes del pensamiento,
nos parece que la vida
tiene mucho significado.
Tal vez hasta un motivo oculto
o un objetivo espiritual.
Pero cuando nuestra enorme
importancia personal
se desinfla
y reconocemos nuestra
verdadera naturaleza.
Nos damos cuenta
de que en realidad
todo acaba desapareciendo
tan espontáneamente
como apareció.
Se atribuye a Freud la frase,
'el problema con la gente deprimida,
es que tiene las expectativas
muy altas.'
'Cree que la vida
debería tener más sentido
del que tiene en realidad.'
Así, muchos esperan que
retirando la atención
de los pensamientos,
algo extraordinario
vaya a ocurrir.
Pero como nada pasa,
porque nada puede pasar
más que la retirada
del mundo pensado.
Se aburren y regresan
como locos al pensamiento,
en busca de estímulos
que llenen el vacío
que en realidad todos somos,
y en el que no hay
nada que hacer.















