No se trata
de dejar de pensar,
de poner la mente
en blanco, ni de imitar
a una piedra o a un ladrillo.
Ya que no siendo nosotros
los que pensamos,
cómo íbamos a detener
el pensamiento entonces?
Con el mismo éxito
con el que detendríamos
el viento, la lluvia o un río.
Se trata de retirar
la atención
de los pensamientos.
Y eso lo podemos
hacer todos,
porque sí somos dueños
de nuestra atención.
Cuando además
les retiramos el interés,
que es su alimento.
Los pensamientos
van espaciándose
hasta desaparecer
como un flujo continuo
y ponerse a nuestro servicio.
Para que los podamos
reclamar a voluntad
si nos son necesarios
en alguna situación.
Ningún pensamiento
puede atraparnos,
solo atraer
nuestra atención.















