Viviendo perdidos
entre los fenómenos,
un día reconocemos
nuestro cuerpo
y lo protegemos.
Después nuestra persona
y tomamos decisiones
para mejorar.
Luego llegamos
al testigo silencioso
de la percepción.
Y casi todo el sufrimiento
de la existencia cede.
Cuando el testigo abandona
los pensamientos y su mundo,
para volverse hacia sí mismo.
Pasa a ser consciencia sin sujeto,
mera presencia que con el tiempo
se muestra como el Absoluto.
Que es nuestra verdadera naturaleza,
lo fue antes de nacer el cuerpo
y lo será cuando este ya no esté.
Pero el mundo
no desaparece nunca en vida,
solo terminan
la ilusión del pensamiento
y sus mil
interpretaciones subjetivas.
















