Yo nunca intenté
retirar la atención
de los pensamientos.
No hice meditación,
ni seguí ninguna
enseñanza concreta.
Solo quería saber
qué era yo.
Así que leí de todo,
busqué en todas partes
y luego me interné,
para atraparme por fin
en mi interior.
Sin querer,
había descartado antes
el mundo externo
y el consejo de otros.
Solo me guiaba
por el pensamiento,
que ya había
rechazado él mismo
casi todas sus respuestas
por inadecuadas.
Un día, entre las lineas
de un libro que estaba leyendo,
mi atención se dio cuenta
de que yo
estaba frente a mí,
tratando de encontrarme.
Y tras una tensión silenciosa
que duró un instante,
los pensamientos
desaparecieron por sí solos
y me encontré siendo uno con todo
en la mente original.
Desde aquí, es fácil reconocer
nuestra verdadera naturaleza
y dejar que todo sea lo que es.












