Pretender eliminar
los pensamientos,
dejar de pensar
o bloquear de alguna manera
su flujo natural,
es una inútil locura.
Vivimos cubiertos por nubes,
acostumbrados a mirarlas pasar.
En ello empleamos
toda nuestra vida.
Y en el momento
en que aparece algún claro,
corremos a taparlo
generando nuevas nubes
si no las encontramos.
El mensaje es que
si la vida es miserable,
es porque la pasamos
entre las nubes
del pensamiento.
Y que nuestra
verdadera naturaleza
de dicha y plenitud,
es el cielo vacío
por el que
las nubes circulan
y que siempre
está ahí.
Al retirar la atención
de estas nubes
por un momento,
podemos percibir
el cielo infinito
como lo que es.
A partir de ahí,
seremos conscientes
de las nubes
y del vacío del cielo a la vez,
aunque este no se vea.
Es decir,
de nuestra verdadera naturaleza
sin nombre ni forma,
mientras los pensamientos
desenvuelven espontáneamente
la manifestación.
Esa es
la iluminación suprema.















