Si no pudiéramos pensar,
esto es,
manejar los pensamientos
y la memoria.
Como ocurre en algunas
enfermedades degenerativas,
no podríamos tampoco
armar un mundo en el que vivir.
Pero pasarnos la vida
solo pendientes de los pensamientos,
es también un tipo de enfermedad
que nos condena al sufrimiento.
Y a la ausencia
de la tan ansiada
felicidad permanente
que legítimamente
todos buscamos.
La solución es vivir
con la atención en libertad
y dejar que el pensamiento
aparezca cuando deba
y desaparezca sin más.
























