Todos tenemos razón siempre,
porque manifestamos
nuestro punto de vista
desde las creencias, nociones
y conceptos que aprendimos desde niños,
que son lo que determina la interpretación
de lo que percibimos.
El error es pensar que se trata
de la percepción de un mundo externo,
objetivo y real, que está allí
entre todos nosotros
desde antes de que naciéramos
y seguirá allí después.
Y no una interpretación
subjetiva propia,
distinta a la de los demás,
como en realidad es.
Percibimos nuestra interpretación,
no un mundo compartido,
por eso nos resulta
incomprensible que algo
tan evidente para nosotros
como lo que percibimos,
sea diferente para otros,
que sin duda
deben estar equivocados.
Ahí nacen
todos los desencuentros.
El mundo aparece con el cuerpo
y nuestra consciencia de ser
y se va con ella.
Aunque nos identifiquemos
con el cuerpo
y dejemos el mundo afuera.
Y toda la interpretación
que hacemos de él,
sea exclusivamente
subjetiva y personal.
Por eso, si cambiamos,
cambia el mundo,
si adoptamos un punto de vista
nuevo sobre algo,
cambia ese algo,
si lo descubrimos,
se añade al mundo
y si nos retiramos
de los pensamientos,
todo desaparece.
Al reconocer
nuestra verdadera naturaleza,
la no dualidad,
la interpretación no opera
y quedan las montañas,
el cielo y el mar
sin interpretación alguna.
Pues son la consciencia universal,
o mente original común a todos,
antes de su diferenciación
en la dualidad del pensamiento.














