Para acabar
con el sufrimiento
de la existencia.
Lo más sencillo
es llevar la atención
a la respiración
cada vez que podamos
durante todo el día.
No hace falta
un por qué,
ni un para qué.
Solo retirar la atención
de donde esté depositada
y sentir la respiración siendo
plenamente conscientes de ser.
Porque cuando
dejamos de alimentar
las fantasías que imaginamos,
estas desaparecen por sí solas.
