Como ya reconoció la ciencia,
no hay sucesos sin sujeto.
Pero tampoco
hay objeto alguno sin sujeto.
Pues el cuerpo
y el mundo aparecen
con nuestra consciencia de ser,
al moverse esta
en forma de pensamientos.
Así,
cuando retiramos la atención
de los pensamientos,
la mente se calma
y la llamamos consciencia,
pero entonces no hay sucesos,
ni cuerpo, ni mundo.
Por eso se dice
que los pensamientos
son el dios que crea
el universo entero
y que sin pensamientos
solo queda
la consciencia sin sujeto,
al carecer de objeto
del que ser conscientes.
Entonces se la llama presencia
en la consciencia universal
o mente original,
cuya esencia es el vacío
que subyace
a todo lo manifestado,
nuestra verdadera naturaleza
compartida por todo el universo.
Este vacío se hace presencia,
consciencia, pensamiento y universo,
sin abandonar su esencia vacía,
mediante la identificación.
Por eso, el vacío toma la forma
de aquello con lo que se identifica,
lo que creemos ser sin querer,
esa es la forma vacía de todo,
el reflejo de la consciencia.
Pero es el vacío el que se identifica
y a la vez somos nosotros los que nos
identificamos y desidentificamos.
En la dualidad cabe que seamos
y seamos vacío al tiempo
de una manera casi imposible,
pero en la no dualidad
no cabe de ninguna manera,
así que somos vacío
de forma y de vacío.
Un vacío que toma forma
sin dejar de ser vacío,
o una forma
cuya esencia está vacía.
