La identificación,
es la clave
de la existencia.
La primera identificación
parece ser la de nuestra
consciencia de ser con el cuerpo,
al experimentarnos en su interior.
Lo que da origen a la persona,
al identificar la forma del cuerpo
con un nombre y separarlo
del mundo que lo rodea,
Originándose así
la dualidad, en la que el sujeto
recorre el mundo
en busca de su totalidad perdida,
al haberse separado de él.
Si conseguimos desnudar
nuestra sensación de ser original,
de todo lo acumulado desde niños.
Y de todas las
identificaciones posteriores
a la identificación con el cuerpo,
como son ser hombre o mujer,
nombre, familia, patria, estudios,
creencias o experiencias.
Esto es, desprendernos
de la persona o ego que creció sobre
la consciencia de ser más el cuerpo,
hasta lograr desidentificarnos
del cuerpo mismo.
Revertiendo aquél primer paso,
estaremos identificados
con la consciencia de ser,
que como testigo observa
al cuerpo,
a la persona y al mundo,
desidentificada de ellos
como cuando niños.
Si abandonamos también
la identificación con este testigo,
cambiando la atención hacia sí misma
o enfocándola en su origen,
el testigo pierde sus límites
y queda, o quedamos,
sin forma ni nombre,
pero existiendo
desidentificados de todo.
A eso lo llamamos
consciencia universal,
que observa la presencia
y es el Absoluto mismo,
ya que no hay nada más allá
que pueda saber que es.
Es el todo antes de adquirir
individualidad como un 'nosotros',
gracias a sus sucesivas identificaciones.
Es la capacidad de identificarnos,
que verdaderamente somos,
sin identificarse aún con nada
para poder ser.
Entonces nos damos cuenta
de que somos anteriores
a la consciencia de ser
y todas sus identificaciones posteriores.
Somos un todo indiferenciado,
la no dualidad capaz de
tomar cualquier forma
en la dualidad.
Y experimentarse sin dejar
de ser no dualidad,
la liberación absoluta,
ser sin ser para vivir plenamente.
A través de identificaciones
provisionales automáticas,
en respuesta a los acontecimientos
que forman parte
de la existencia espontánea,
que llamamos nuestra vida.












