Todos somos,
todos tenemos consciencia de ser.
Lo primero que sentimos
por la mañana
es que estamos vivos.
Y a continuación
se arma nuestra persona
y nuestra vida
con los pensamientos.
Esta consciencia de ser
desnuda de pensamientos
apareció espontáneamente
y no podemos evitarla.
Si la identificamos
con nuestra historia personal
contenida de la memoria,
es la persona en el mundo.
Si nos quedamos en ella sin más,
es la presencia.
Y si la desidentificamos
aún de ella misma,
que ni siquiera sabe que es.
Dejarla en libertad de ser o no ser,
de identificarse o no,
de tomar nombre y forma o no,
de ir o venir,
de moverse o no,
es la iluminación suprema.
