Al menos en vida del cuerpo,
que debe ser lo que nos ocupe
a todos en este momento.
Si la consciencia se mueve,
surgirá alguna de las
tendencias almacenadas.
Que precisamente sostienen
la manifestación del cuerpo
y la consciencia individual.
Por lo que,
espontáneamente
nos convertiremos
en un sujeto provisional,
que da justa respuesta
al estímulo
objeto de la percepción.
Para regresar después
a la consciencia
sin nombre ni forma,
que en ningún caso
sufre alteración alguna
ante la manifestación
de cualquier tendencia.
El pensamiento
nos hace creer
que ese sujeto provisional
es permanente.
Y en vez de
dejarlo desaparecer,
lo sostiene en la memoria
y le va añadiendo
todos los sujetos provisionales,
que las tendencias kármicas
que dieron nacimiento al cuerpo
precisan para manifestarse.
Esa es nuestra persona,
la que creemos
que nació con el cuerpo,
lleva nuestro nombre
y nuestra historia
personal completa.
Y es por eso que se dice
que la persona es una ilusión,
ya que solo
en el pensamiento existe
esa pretendida continuidad
desde el pasado hacia el futuro
pasando por el presente,
que pueda
sostener su existencia.
Así, cuando definitivamente
retiramos todo interés
de los pensamientos,
las respuestas se producen solas
y ni siquiera precisan
de la aparición, ni de la creación
de un sujeto provisional.