Vivimos creyendo ser
lo que no somos,
percibiendo la vida
y el mundo en consecuencia.
Todo lo que nos enseñan,
aprendemos y experimentamos,
lo vamos guardando
en la memoria.
Que es como una
enorme bolsa
con nuestro nombre
escrito en ella.
Que vamos cargando
y repasando
interminablemente
con el pensamiento.
Recordamos aquello
que nos hicieron
y lloramos.
Lo que ganamos
y nos sentimos satisfechos.
Lo que fuimos
y lo añoramos.
Lo que no pudimos hacer
y nos entristecemos.
Lo que vimos en otros
y lo deseamos.
Donde estuvimos
e imaginamos
dónde queremos
estar mañana.
Y en eso pasamos la vida,
pero a quién le importa?
Sería mejor
que quien nos cruzamos
por la calle
no estuviera revolviendo
en su bolsa?
O que dejara de cargarla
y caminase ligero y en paz?
Qué importa lo que crean
todos ser,
si en realidad
todos somos lo mismo?
No importa
nada.
El que quiera arrastrar
su bolsa,
adelante.
El que quiera
vivir con la televisión
o la radio encendidas,
adelante.
Quien quiera
pasar su tiempo
pendiente del pensamiento
o del móvil,
que lo haga.
A quién
le importa?
A nadie.
