Para reconocer nuestra
verdadera naturaleza,
primero tenemos necesariamente
que retirar la atención
de dónde suela estar.
Y traerla hacia el interior,
que es donde
se supone que estamos.
Este es el primer paso,
descubrir que somos
el observador de lo observado,
el perceptor de lo percibido.
Y tratar de establecernos allí,
mientras continuamos
con nuestra vida.
Esto no tiene por qué teñirse
de espiritualidad
o santurronería.
Pues es sencillamente,
dejar de perseguir
cada pensamiento que aparece
y permanecer siendo
el observador de los
objetos de los sentidos.
La maduración natural
de este estado de cosas,
es fundirmos con el Ser.
Que al serlo todo,
hace desaparecer
en la no dualidad,
las diferencias
entre dentro y fuera,
aquí y allí, sí o no,
el Ser y nosotros.
La atención enfocada
hacia el exterior,
transforma la mente
en el mundo.
Enfocada en el interior,
hace que la mente reconozca
su verdadera naturaleza.
