Una vez que
nos desidentificamos
del cuerpo, la persona,
el testigo, la consciencia.
Y todos los conceptos
del pensamiento,
quedamos sin nombre ni forma
y las enseñanzas
ya no sirven para nada.
Entonces podemos vivir
como nos dé la gana,
disfrutando de la dicha,
la plenitud y la paz.
Que emanan
del reconocimiento
de nuestra
verdadera naturaleza.
Mientras la percepción
sigue incesante,
desarrollándose
espontáneamente.
