Decimos ser los reyes
de nuestros mundos,
pero solo somos esclavos
de los pensamientos.
Que nos utilizan
para tomar forma
y para encarnar
en nosotros
sus interminables
historias ilusorias
y repetitivas.
Nos mostramos orgullosos
de nuestros logros,
felices con nuestras vidas
y satisfechos
con nuestras posesiones.
Pero en privado,
solo vivimos
revolviendo trastos
del pasado.
Sentados ante
un espejo viejo,
que solo refleja
la incertidumbre,
la soledad y la angustia.
Que sentimos
al tener que vivir
expuestos a cualquier
enfermedad o infortunio.
Reyes de nada,
disfraces vacíos
para aparentar
frente a quienes viven
de aparentar también.
Levantándonos
cada mañana,
para sostener
con esfuerzo
un mundo vacío.
Que precisa
de nuestro servicio,
para continuar activo.
Esclavos voluntarios
que mantenemos
todo en marcha
a costa de nuestras
propias vidas.
