Como persona,
jamás comprendí
las enseñanzas.
Y nunca supe muy bien
qué era lo que buscaba,
ni por qué.
Hasta que llegó
la afirmación
de Shakiamuni,
de que la persona
o ego que creemos ser
no ha existido jamás.
Y que darse cuenta de ello,
es la liberación del sufrimiento,
el nacimiento y la muerte.
Eso me sonó a cierto
y retó a mi inteligencia,
que se puso en marcha
para buscar
en mi interior lo que era
y averiguar si existía
o era una ilusión.
Tanto empeño puse,
que se convirtió
en mi obsesión
y nada más que resolver
ese acertijo me importó.
Y un día cavilando, cómo yo
podía estar buscando a mi yo,
si yo soy uno y no dos.
El pensamiento repentinamente
simplemente desapareció.
Y me encontré
siendo uno con todo
en silencio y paz,
pero con la
inmensa alegría
de la liberación.
Días después,
los pensamientos volvieron
y mi karma
fundamental continuó.
Pero ya no me arrastraba,
pues era plenamente
consciente de todo
y dejaba a la vida hacer.
Ahora soy una presencia
que no diferencia
mi sujeto de lo percibido,
aunque puede hacerlo
cuando es necesario.
Y que sigue su curso,
en una perfecta armonía
de dicha y plenitud,
en la que la paz
es permanente.
Reconocer nuestra
verdadera naturaleza,
es realmente la única
liberación posible.
