384.- Nada en la nada.


No tiene caso dar credibilidad
a un mundo que no existe.

Ocuparse de sus reglas,
descripciones y funcionamiento
no debería ser importante
para lo que realmente somos.

Este mundo es causado
por el deseo de vivir
y sostenido por el apego
de mantenerlo.

Pero en realidad
no hay nada.

No hay nada en mí,
ni nada hay en el mundo.

Ni siquiera
nada en la nada.

Montañas, ríos, llanuras y valles
son solo el sueño enfermizo
de la soledad eterna
vestida de orgullo
y adornada
con efímeras vanidades.

Un suspiro.

Una fantasía.

Una ilusión.