386.- Convertirme.



Ya no lo recuerdo,
pero supongo que estaría jugando
sin aún saber que aquello era un juego
cuando todo cambió.

La oscuridad debió llenar
mis pasos desencajados
y perdidos en busca de un porvenir.

Y entonces vino ascender,
levemente permanecer
y volver a caer una y otra vez sintiendo,
pensando y resistiendo el acontecer
sin querer hacerlo ni poder evitarlo.

Tengo grabado el instante
del reencuentro con lo añorado,
con lo ausentado y perdido.

Y qué ganas ahora de parar,
de dejar, de salir.

Y cuán claro está que no se detiene,
que no me lleva,
que no me contiene.

Estoy empezando a convertirme
por completo en lo que
siempre he sido.

Y lo se porque a ello
asisto indiferente.