336.- La condena.



No llores más.

Si no pudiste retener
aquél momento glorioso,
cómo esperas entonces
que este triste perdure?

Y si los tiempos sombríos pasan,
por qué te engañas pretendiendo
 una felicidad que permanezca?

Suéltate ya.

Pues en aferrarte
está tu única condena.