300.- Todo hecho.


A muchos nos pareció
un día mentira,
porque lo que buscábamos
era el conocimiento.
 
La sabiduría más grande,
la iluminación suprema,
la cúspide de los dioses.
 
El control sobre el destino,
el poder sobre el cambio
y el triunfo sobre la muerte.

Pero lo que encontramos
fue el abrupto final
a todas nuestras pretensiones.
 
En un suceso único y acogedor
que nos devolvió
de golpe la cordura
y nos situó de regreso
en nuestro hogar.

Porque es posible vivir
sin tratar de hacerlo, sin intentarlo,
sin pretender que las cosas sean
de una manera determinada.

Abandonados a un sentimiento de alegría
que sin límites lo abarca todo,
podemos dejarnos llevar con inocencia
por el acontecer que se renueva sin querer.
 
  Y responde espontáneamente
a este instante que nos contiene,
nos nutre y nos da nuestro ser.

Sin nada que hacer,
todo queda hecho.