El miedo,
emoción paralizantey perniciosa por excelencia,
es muy difícil de manejar.
Porque no presta atención a razones
y puede alcanzar un volumen tal,
que aplaste sin misericordia
todos nuestros resguardos.
Lo contrario al miedo
es el amor.
Irracional también,
puede llegar a adquirir igualmente
dimensiones avasalladoras.
Irracional también,
puede llegar a adquirir igualmente
dimensiones avasalladoras.
Por eso tal vez vayan siempre juntas
y sublimarlas sea la única cura posible.
Para lo cual el remedio
es desidentificarse del sujeto que 'somos',
con lo que inmediatamente desaparece
el objeto al que amar o temer.
Tras estos dos centinelas
armados de rechazo y apego,
encontramos un estado de ser
más cercano a la luz
y al vacío, que nos permite vivenciar
el verdadero cariño libre e incondicional
que no hace distinciones en su alegría.