Nos pasamos la vida
buscando estímulos
y nos aburrimos
cuando no tenemos
nada que hacer.
El remedio es dejar
la atención en libertad,
lejos del pensamiento.
O permanecer en nuestra
sensación de ser desnuda,
como recomienda el Advaita.
Solo con eso,
antes o después se producirá
el reconocimiento
de nuestra verdadera naturaleza.
Y el disfrute de la plenitud,
la dicha y la paz permanentes,
que en realidad somos.
