Una vez que hemos conseguido
esquivar los pensamientos,
para reconocer que
nuestra naturaleza verdadera
es el vacío sin forma.
La iluminación suprema consiste
en dejarnos transformar libremente
en el sujeto de cualquier situación
percibida que nos reclame.
Y que corresponderá necesariamente
con los contenidos conceptuales
almacenados en la memoria,
mediante el aprendizaje
y la experiencia.
Eso sí,
sin quedarnos atrapados allí,
para así poder enfrentarnos
Y permanecer serenos
en la presencia,
dejando que el karma
siga su curso espontáneo,
hasta ser reclamados de nuevo.
La iluminación suprema
no hace diferencias
entre el vacío y la forma.
