La persona que buscando
legítimamente la felicidad,
actúa en función de la dirección
que le marcan sus pensamientos,
teniendo en cuenta sus conocimientos
y experiencias, genera consecuencias
que recogerá en el futuro.
Así va construyendo una vida,
cuyos recuerdos conserva
en la memoria y que le permiten
mantener presente quién es
y cuáles son sus principios
a los que debe ser fiel.
Además de mil circunstancias
experimentadas en el pasado,
no todas felices y no todas resueltas.
Si nos identificamos con la persona,
adoptamos su forma,
asumimos sus características
y la experimentamos por completo.
Por eso, al reconocer
nuestra verdadera naturaleza,
retirando la atención
y el interés de los pensamientos,
donde la persona y su mundo de conceptos
e interpretaciones vive.
Dejamos de experimentar todo eso
y desidentificados por completo,
sin nombre ni forma concretos,
recuperamos el vacío intrínseco
al funcionamiento espontáneo
de la mente original.
Lo que nos proporciona
un intenso sentimiento
de plenitud en dicha y paz.
