En cuanto creemos
que es así, asá
o de cualquier otra manera,
incluso que no es de ninguna.
Tomamos su forma,
aceptamos las consecuencias
de creerlo así
y las experimentamos.
Limitando lo sin nombre ni forma
que verdaderamente somos,
a lo que creemos ser.
Paro al darnos cuenta
de que lo sin forma
no es alterado
cuando toma forma,
pues su esencia
es siempre el vacío.
Tomar forma es un juego
que baila entre los sucesos,
adoptando y abandonando
cualquiera de las formas
pasajeras posibles
y siguiendo continuamente
el espontáneo devenir.
