Nadie más
que nosotros mismos
podemos liberarnos
de los pensamientos.
Entre los que
sin saberlo vivimos
voluntariamente atrapados.
Y que con sus conceptos
e interpretaciones
nos impiden disfrutar
de la dicha
y la paz permanentes.
Que sí disfrutamos,
cuando reconocemos
lo que
verdaderamente somos.
