No hay por qué controlarlo
todo en detalle.
Queremos ponernos en pie
y montones de cosas
suceden automáticamente,
participando músculos,
extremidades, cerebro,
articulaciones, huesos...
Todos conceptos que
conocemos y que unidos,
se ponen en marcha,
para ponernos en pie.
Y darnos una perspectiva nueva,
desde un punto de vista
distinto al que sosteníamos
cuando estábamos sentados.
Ni siquiera tenemos que querer
ponernos en pie,
si lo que hemos escuchado
es el timbre de la puerta
y queremos abrirla.
Nos enredamos
innecesariamente
en los detalles,
creyéndolos obstáculos
a superar.
Cuando todos forman parte
del mismo sueño,
al servicio del vacío
que somos.
