2108.- Enredos. (14 ene 2026)


Llamamos karma,
a las consecuencias
generadas por una acción.

Se dice que esta acción
debe tener una intención,
para generar consecuencias.

Por lo que toda acción
en respuesta
a las circunstancias dadas,
realizada sin intención
posterior alguna,
se considera una acción correcta
no generadora de karma.

También podemos decir,
que cuando hay
un sujeto que realiza la acción,
se genera karma.

Pero cuando comprendemos
que es Dios
quien actúa a través nuestro,
o el destino, o el karma mismo.

Dejamos de ser
los actores de las acciones
y de recibir por tanto
sus consecuencias.

En cualquier caso,
el karma como la persona,
el mundo y toda nuestra vida,
se desarrollan
en la dualidad del intelecto.

Cuando accedemos
a la no dualidad,
el karma desaparece.

Ahora bien,
podemos llamar karma
a las acciones realizadas
que aún
no han dado sus frutos.

A las acciones por realizar,
que tendrán
sus consecuencias en el futuro.

Y si atendemos a las razones
por las cuales
nuestro cuerpo nació,
podemos decir
que encarna las consecuencias
dejadas por los pensamientos 
que se manejaron
en un cuerpo
que ya no está.

Ese sería el origen
del karma que dio nacimiento
a nuestro cuerpo
y lo hará desaparecer en su día.

Y al que se ajusta precisamente
la mente original,
o la consciencia universal,
cuando le cedemos
por completo el control.

En el reconocimiento
de la mente original,
solo este último
karma permanece.

Pero en el reconocimiento
de nuestra verdadera naturaleza,
la no dualidad,
el karma que da vida
al cuerpo, nos es indiferente.

Y el regreso a casa,
empieza a ser
lo único que sostiene
la percepción.

Esto abre la discusión
sobre si en el momento
de la muerte del cuerpo
quedamos identificados
con la persona que muere,
volveremos a ser conscientes
de una nueva existencia.

Hasta que reconozcamos
nuestra naturaleza en vida
y observemos la muerte
del cuerpo y la persona,
quedando liberados de la rueda
del nacimiento y la muerte.

Enredos
del pensamiento.