Todas las tensiones
que sufrimos en la vida
proceden del error que cometemos
al tomar como estables situaciones,
cosas y personas que no lo son.
Los pensamientos
juegan con conceptos
que simbolizan recuerdos
de algunos detalles
que una vez
atraparon nuestra atención.
Y con eso imaginamos un mundo
cuya existencia
es nuestro sueño particular
y constituye toda nuestra vida.
Esto forja en nosotros
un sujeto separado del resto,
que se apega
a lo que naturalmente pasa.
Y desea a toda costa su continuidad
o su modificación controlada.
Pero lo único continuo
es el acontecimiento
del que somos parte inseparable.
Y nunca se detiene lo suficiente
como para existir.
Es un flujo perceptivo contínuo
sin sujeto ni objeto,
susceptible de ser
atestiguado por si mismo.
Podemos mirar a un lado o a otro
y formar nuestro mundo
con los elementos que queramos.
Pero todo está allí siempre
en su perfecta y eterna potencialidad
de llegar a ser algo
siendo siempre ni siquiera nada.
