278.- La serenidad.



Qué fácil es gritar nuestras voces
entre el ruido de fondo del mundo.

Alzar los brazos agitando baderas,
casi siempre enormes y ajenas.

Marcar a fuego nuestras posiciones,
aplastando con razones lo diferente.

Qué difícil ser apenas un susurro
en el silencio de los pensamientos.

Abrirse y dejar que todo salga
a encontrarse con su opuesto.

En la serenidad de este momento,
brilla con sencillez el gozo eterno.