276.- La rama.


En el mismo momento
en que damos algo por cierto,
comienza el proceso
que nos hace ser
lo que creemos ser.

Como una rama atascada
en la corriente de un río,
a la que inmediatamente
se le añaden más y más ramas
y hojas arrastradas.

Así,
mientras lo diferente
pasa de largo,
queda atrapado todo aquello
que encaja con nuestra idea original.
 
Que ya concebimos
como lo único verdadero,
olvidando que fue tan solo
un pensamiento más
que surgió de la nada.

Con el tiempo
llegamos a identificarnos tanto
con nuestro montón de ramas del río,
que comenzamos a  protegerlo
y a defenderlo como si en ello
nos fuera la vida.

Buscamos seguridades
y el miedo, el apego,
la impermanencia
y el deseo nos agobian.

A estas alturas
ya ni queremos cambiar,
ni creemos poder hacerlo,
porque nuestro viaje por el río
hace tiempo que terminó.

Todo gira ahora
en torno a la dichosa rama.

Resistimos la corriente
como podemos,
pero al final
cuando el agua ya no puede pasar.
 
Comienza a presionar
cada vez con más fuerza,
hasta que consigue
arrastrarlo todo río abajo
y logra correr libre otra vez.

Es entonces cuando
nos damos cuenta
de nuestro terrible error.

Porque ahora sabemos
que siempre fuimos el río,
el agua y la rama.

Y a este fluir de nuevo,
lo llamamos morir.