260.- Ni rastro.


Hay que ver cómo sin querer
dejamos que nuestra propia vida
nos encierre absurdamente
en un nosotros mismos
que no somos nosotros.

Tenemos que repetir
lo que hicimos y nos gustó

Hacer lo que nos dijeron
que era bueno hacer.

Pensar lo que
nos enseñaron a pensar.

Reaccionar como
se espera de nosotros.

Decir lo que se supone
que debemos decir.

Sentir solo
lo que está bien que sintamos.

Pero de quien sabemos
que somos realmente,
ni rastro.