295.-Sin deseo.


Nos parece que lograr nuestros sueños
es la parte positiva de la vida,
mientras que el karma es la negativa.

Pero no es así,
porque ambas son la misma cosa.

Cuando buscamos algo deseándolo,
anhelándolo, imaginándolo,
intentándolo, pensándolo, o temiéndolo,
lo logramos.

Porque lo que ocurre es que el deseo
traza la dirección de la transformación
de la percepción de nuestros
propios pensamientos
en el sentido al que apunta.

Lo logrado pasa,
cambia y se transforma continuamente,
obligándonos a prestarle
toda nuestra atención.

Para dirigirlo de acuerdo
a la intención original,
a fuerza de seguir deseando
y temiendo sin descanso.

Así aparece en escena el sujeto,
el ego, el fantasma
que en realidad no existe.

El manipulador de todo esto,
que vive atado a las consecuencias
de sus propios pensamientos y acciones.

Cargado con lo pasado,
esperando lo futuro,
apegado a sus gustos
y rechazando sus disgustos.

Sumiéndonos en una lucha permanente,
de la que a menudo solo nos liberamos
 en el momento de la muerte.

Sin deseo ni anhelo,
no hay apego ni miedo.

No hay sufrimiento, ni desasosiego,
ni sujeto, ni persona.

La consciencia de la percepción
fluye libre
sin llegar nunca a ser.

Sin pensamientos.

Todo es gozo.

Sin tiempo.