PRECAVIDOS



Hay que ser precavidos y no tomarse a la ligera
eso del despertar de la conciencia
a su propia naturaleza original,
porque cuando sucede todo cambia.
Lo que importaba ya no importa,
lo deseable ya no lo es,
lo querido es como todo lo demás,
el pensamiento es un juego tonto,
las vidas de la gente un esfuerzo inútil
y el mundo en sí, una acuarela en dos tonos.
Cada vez me cuesta más seguir el paso sonámbulo
de las gentes ensimismadas con sus locuras;
las cosas para mi no tienen sentido alguno,
ni la forma de relacionarnos,
o de repetir lo aprendido.
Ya nada es como era,
todo terminó en aquél mágico instante del despertar
y esto es solo la inercia del impulso que me nació
y que falto de nuevos alicientes,
apenas puede sostenerme ya aquí.